Una imagen vale más que mil palabras. No sé quién vive aquí ni cómo respiran sus dueños, pero si sé que no falta alegría, que no falta luz ni color, y sobre todo que no falta ritmo. Mi abuela estudió la carrera de piano, mi hermano tocaba la caja y a su manera la guitarra, mi primo brilla con el violín, mis tías el piano… y los instrumentos son parte de su decoración, no importa cómo de bueno seas si no el color que la música da a tu vida, y los que la rodean. En mi casa no hay reunión familiar en la que no se cante, o acabe sonando algún cajón o guitarra, y honestamente, te deja un exquisito sabor de boca que lo hace un plan inigualable.
Irse de compras online tiene su punto, como compradora online creo que es una aventura de lo más emocionante, sobre todo porque hay algo de magia que hace que te olvides de tu compra hasta que lo recibes, una vez comprado, el acto se desvanece y sólo cuando llaman a tu puerta, sientes la corazonada y empiezas a desempaquetar. Hoy las compras van de cojines para mayores & niños.
La propia madera de casas derruidas de Sudáfrica se recupera y recicla para dar forma a estos maravillosos marcos. Cada pieza es seleccionada individualmente entre una gran variedad de colores y no hay uno igual a otro. Una apuesta por piezas de culto únicas.
La filosofía es simple: recuperación de los recursos naturales, conservación y creación de belleza y apoyo social.
Entramos en casa de la creadora de Cotton and Milk. En estos tiempos tan grises cada vez apuesto más por las decoraciones optimistas, coloridas y alegres como la que hoy os presento, Justina Chanfield es la artífice de la casa familiar californiana.
Cierra los ojos, dale al play y trasládate a Bali, un amanecer o una puesta de sol, no importa. Empieza o acaba tu día en un lugar local aunque con aire loft newyorker como la propuesta de hoy que habla sola.
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