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Clásica con una vuelta de tuerca. Su forma cuadrada, bien definida, se transforma gracias a los ángulos biselados. Este objeto decorativo y olfativo tiene múltiples usos para vestir el espacio, desde una mesa de centro hasta un aparador de entrada, pasando por la alcoba de un dormitorio. Para darle una segunda vida, solo hace falta un toque de imaginación: ahora puede servir como portalápices en un escritorio o como vacía bolsillos en la entrada.
Con sus cuatro mechas de algodón, esta vela de cerámica difunde aromas y colores a elección: el voluptuoso Songe d’Orient, el bucólico Bois de Santal, el solar Fleur de Figue o la frescura de Ambre Noire.